La Plaza Navona es una de las plazas mas bellas del mundo entero, su simpleza, presencia y diseño rodeado de edificios que rodean a la Plaza, le dan un aspecto surrealista y hasta misterioso por las propias esculturas que allí se pueden ver.
Miles de apelativos han tratado de describir a esta plaza intentando descifrar, aunque sea en parte, algo de sus rincones más ocultos para el común observador. En su centro, la plaza alberga la Fuente de los 4 Ríos, obra encomendada a Bernini.
El emplazamiento de la plaza, ocupa el antiguo sitio donde se ubicaba el estadio de Dominciano. Una de las figuras dentro de la Fuente de los 4 Ríos, se observa intentando taparse con una de sus manos, una desesperada e inquietante sensación de temor se dibuja entre tanto, en su afligido rostro.
El miedo es el espanto provocado por la religión, el espanto de ofender a la iglesia, que se encuentra a tan solo unos metros de la fuente, exactamente enfrente de ella.
La obra de Bernini intenta criticar con el gesto del protagonista, el excesivo pudor y recato de una religión que somete a miles de fieles inundándoles de temor para esta vida y añoranzas para una que no conocen, ni tienen certezas si existe.
La Plaza de San Pedro está considerada como una obra de arte en su conjunto. Gian Lorenzo Bernini la proyectó entre 1656 y 1657. Su idea era acoger a los cristianos que llegaban de todo el mundo.
A ella se accede por la Via della Conciliazione que comienza en el castillo de Sant'Angelo.
La plaza está delimitada por dos hileras de cuatro columnas dóricas que representan dos brazos que abrazan al mundo. En la balaustrada, ciento cuarenta estatuas de santos realizadas en su mayoría por los discípulos de Bernini, siguiendo las pautas del maestro.
En el centro de la plaza se levanta un obelisco (de 25 metros de alto y 327 toneladas) procedente de Egipto y traído a Roma en la época de Calígula. Cerca de él, dos fuentes señalan los centros geométricos de los arcos de la elipse. Si nos situamos en ellas, podremos ver las columnas perfectamente alineadas.
Si la visitas un domingo en en días señalados, podrás ver al papa recitando una homilía desde la segunda ventana del edificio del lado derecho y cantando el Ángelus al mediodía.
Y si vas en Navidad, podrás contemplar su decoración con el inmenso belén y el pino convenientemente engalanado e iluminado para esos días.
Roma es una ciudad con encanto en cada uno de sus rincones, pero si nos detenemos en los puentes que cruzan el Tíber, uno de ellos destaca por su gran belleza: el Puente de Sant´Angelo.
Este puente fue construido entre los años 134 y 139 d.C. por el emperador Adriano, de hecho, une la otra orilla directamente con su mausoleo, el Castel Sant´Angelo.
Está formado por cinco arcadas que cruzan el río, y cubierto de mármol travertino.
En la historia, el puente ha sido paso principal de los peregrinos hacia la Basílica de San Pedro. Durante el jubileo de 1450 la balaustrada cedió, muriendo multitud de peregrinos. También fue lugar de exposición de los ejecutados.
En 1530 fue decorado con estatuas de San Pedro y San Pablo.Los diez ángeles que flanquean el puente son encargo del papa Clemente IX y obra de Bernini (siglo XVII). Sostienen los elementos de la pasión. El gran artista los diseñó a todos, pero sólo realizó el ángel que porta la cartelera de INRI y el que lleva la corona de espinas, trasladados a Sant’Andrea delle Fratte, también en Roma, para su conservación. En el puente se han colocado dos copias.
El hecho de que hoy sea peatonal, regala a los viandantes una espectacular vista del castillo que invita a ser plasmada en una fotografía.